1. Evaluación Inicial y Selección de Fluidos
El proceso comienza con una evaluación clínica exhaustiva. El objetivo es determinar la necesidad real de la intervención mediante la valoración de signos de deshidratación, desequilibrio electrolítico, fatiga extrema o requerimientos nutricionales que no pueden cubrirse por vía oral.
Es imperativo realizar una selección precisa del fluido, discriminando entre cristaloides (como el suero fisiológico al 0.9% o soluciones balanceadas) y coloides (como la albúmina humana). Esta elección depende estrictamente de la osmolaridad plasmática y el estado hemodinámico del individuo.
2. Planificación y Dosificación
Tras la evaluación, se procede al cálculo de la dosis exacta. Para un paciente adulto, el volumen total suele oscilar entre los 500 ml y los 3 litros en un periodo de 24 horas. Asimismo, se debe definir la velocidad de infusión adecuada para evitar sobrecargas hídricas innecesarias.
3. Preparación y Medidas Asépticas
Una vez establecida la estrategia, se inicia la fase de preparación bajo estrictas medidas de técnica aséptica. Los materiales indispensables incluyen:
- Solución prescrita y equipo de venoclisis (macrogotero o microgotero).
- Catéter venoso de calibre apropiado.
- Insumos de desinfección (alcohol, guantes estériles y rótulo).
Un paso crítico es la purga completa del sistema para eliminar burbujas de aire y prevenir una embolia gaseosa. Además, el rotulado debe garantizar la trazabilidad, incluyendo el nombre del paciente, la composición de la solución, la velocidad de goteo y la hora de inicio.
4. Ejecución Técnica
Para la ejecución, se prioriza un acceso venoso óptimo, generalmente en el brazo no dominante (antebrazo, flexura o dorso de la mano). Tras colocar el torniquete y desinfectar la zona, se inserta el catéter, se retira la aguja guía y se fija el dispositivo a la piel. La infusión debe iniciar de manera lenta y controlada, ajustando el flujo siempre bajo prescripción médica.
5. Monitoreo y Cuidados de Enfermería
Durante el procedimiento, es vital mantener una vigilancia constante. Los cuidados se enfocan en:
- Control de signos vitales y balance hídrico detallado.
- Revisión del sitio de punción para detectar flebitis o extravasación.
- Detección temprana de complicaciones sistémicas como taquicardia, edema agudo de pulmón o reacciones alérgicas, las cuales obligarían a la suspensión inmediata del tratamiento.
6. Cierre del Procedimiento
Finalmente, una vez alcanzados los objetivos terapéuticos y confirmada la estabilidad del paciente, se procede al retiro de la vía. El paciente podrá retornar a sus actividades habituales, siempre que no existan contraindicaciones clínicas que sugieran una observación prolongada en el entorno hospitalario.








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